Volumen 25 de «Mi hija y la ópera»

24 Hasta este pasado mes de noviembre nunca había visto a mi padre acudir al médico, sin embargo, en una misma semana visitó el centro de salud del pueblo en dos ocasiones. Marisa nunca le dejaba ir solo, yo les acompañé en la segunda cita, cuando lo derivaron al Hospital Comarcal del Noroeste, en Caravaca de la Cruz. Los médicos nos tranquilizaron sobre su estado informándonos de que su deterioro físico podría responder a un virus del sistema digestivo. Marisa y yo nos encontrábamos ante varias situaciones que debíamos resolver, una de ellas era la del viaje a Nueva York. Mi pretensión en principio era cedérselo a ellos. Esa alternativa era ahora imposible, mi padre no se hallaba con la salud necesaria para realizar un desplazamiento de tanta distancia a dos semanas vista. Tampoco podría acompañarme ella, que debería de estar a su lado. La única opción posible era la de buscar en mi entorno más próximo una compañía para mi marcha a Estados Unidos. El principal candi...