martes, 14 de agosto de 2012

Crítica literaria de mi novela.

   Copio y pego un comentario a modo de crítica literaria de un buen amigo: José Martínez Giménez (Lali), que no sé hasta qué punto es objetivo con mi obra. Me ha entusiasmado tanto la opinión de este consagrado escritor de poesía que me ha sido imposible no compartirla con mis conocidos.

«CRITICA PARA –MI HIJA Y LA ÓPERA

  La gran hazaña de “Prometeo” fue robar el fuego a los dioses y entregárselo a los humanos.  Por ello el adjetivo ‘prometeico’, es usado con frecuencia en el análisis literario, aunque también en otros muchos casos.
  Yo no me siento capaz de adjetivarlo así, pero: A mí, como lector y después de leer este trabajo, pienso que en -MI HIJA Y LA OPERA- -el autor le ha robado a las musas todo aquello que se llama inspiración, para el bien del buen lector, el que sin duda alguna, agradecerá como yo, la oportunidad de admirar y sucumbir ante tanta imaginación puesta para conseguir una obra literaria amena.
  Es  entonces cuando a sabiendas de que ésta, es, la primera novela de este autor  me atrevo a decir: Yo veo en ella mucha investigación, entereza, capacidad de vencer dificultades y una vocación muy precisada. Así como la facultad de introducirse en vidas foráneas y relatar como si fuesen propias.
  El léxico utilizado por el autor, quiero decir que más, que sorprendido me deja satisfecho, ya que habiendo palabras técnicas tanto musicales, como en  el dialogo de los personajes, se atisba perfectamente el conocimiento del autor en dichos temas.
  Aunque me alegra comprobar que, un buen diccionario cerca de donde se pueda estar leyendo, también estaría – como se suele decir—como Dios manda.
  Como Prometeo — este autor es un creador literario previsor. Que siempre lleva algo guardado para que la historia se desarrolle suave y  continua.

  La situación, o el entorno donde está ubicada, es este marco incomparable de nuestra Región, con nombres de Municipios distinguidos dentro de ella, es , según mi criterio, un atrevimiento, un valor distinguible como autor y un autentico acierto, porque rompe con ello, los tópicos de desarrollarse  como casi siempre en grandes urbes, o en zonas siempre tan parecidas, como pueden ser: Londres, Paris u otras americanas… 
La ”Obertura” es inquietante, algo inesperado por impresión de lo inacabado en ella.  Dando ocasión, incluso, a  recelar que la historia ya está descrita en estas cinco páginas, que sin duda  se comprueba que no es cierta esa corazonada del lector… nada más lejos de ello.
  No encuentro en ella nada de enrevesado, como: nombres de personajes, lugares, ni tampoco en la descripciones de paisajes o entornos elegidos por el autor.

  Una obra emocionante desde el principio; Donde, entre estremecimientos y algún sollozo, se consigue pasar a una atracción lectora y por saber más, que sin duda, va transportando sin el menor atisbo, hasta lo que puede suceder en las siguiente paginas, incluso capítulos.
  Obra que por estar referida en tiempos modernos, incluso presentes -siglos XX y XXI-  no pierde ápice en estrategia y creatividad literaria.
  Siendo la ópera prima, el último desenlace descubrir la verdad sobre el accidente.
  Una novela clara en léxico; de traducción ágil para todo aquél lector que logre tenerla entre sus manos.
  Así que, -sin olvidar que con una  experiencia tan efímera como la mía- en hacer críticas literarias y menos de novelas,  si quiero decir, que me agrada la complicidad del autor y su obra, en cada una de sus partes, haciéndola intrigante, colocando así al lector en la tesitura de: qué vendrá ahora, sin saber realmente cómo va a continuar.»

domingo, 12 de agosto de 2012

En el final de la existencia


http://www.youtube.com/watch?v=wEFugVbzsSo

(Pinchar enlace para comprender el texto).
   Quien haya visto la película Cinema Paradiso recordará que, en el final, hay una emocionante escena de unos tres minutos donde el protagonista ve los fragmentos inéditos que nunca había podido ver en su pequeño cine de pueblo por culpa de la censura. Éstas breves imágenes cambiaban en ocasiones el significado de la película, y es ahí donde estriba la parte más conmovedora del desenlace del filme: que un simple beso pasional podía convertir la interpretación de la historia en algo distinta.

   No estaría mal, que en el final de nuestra existencia, alguien nos sentase en una butaca para que observásemos durante unos pocos minutos todos los flashes de nuestra vida con lo que pudo haber sido y no fue: Aquel beso que pudimos haber dado y nunca dimos; Aquellas palabras groseras que proferimos y de inmediato nos arrepentimos; Aquella obra que nunca nos atrevimos a compartir. Fragmentos de una supuesta vida que nunca llegó a suceder por culpa de nuestra censura personal: miedo, orgullo, vergüenza...

   A su vez este metraje debería albergar las reminiscencias personales que siempre quedaron grabadas en la retina: La primera vez que vimos a nuestros hijos; El recuerdo de cuando dijimos adiós a un progenitor estando éste en vida; La primera y última vez que alguien nos miró a los ojos diciéndonos: «Te quiero». O, simplemente, la evocación breve de una fascinante contemplación de una noche estrellada cualquiera, como la de hoy.

   Y todo aderezado con una música como en el cine, como la de Enyo Morricone en la mencionada película. Sería un bonito y emotivo final de la vida que tal vez nos hiciera mejorar en una existencia futura.