martes, 19 de febrero de 2013

El final de una etapa

   Es esta fecha, la de hoy, una muy importante en mi biografía. Esta tarde, víspera de mi cumpleaños, he firmado el convenio regulador de mi separación. O lo que es lo mismo: el final de una etapa de mi vida.

   Con la inefable sensación de que este ocaso cíclico de mi existencia es consecuencia de una irresponsabilidad personal me he ido a casa. Y allí me he acordado de todos los damnificados por este terrible asunto, comenzando por mis hijos, y acabando por la que hasta hoy ha sido mi mujer. Una persona que me ha regalado las dos cosas más preciadas que he tenido nunca, éstas, que atieden al nombre de Adriana y Marcos, han sido nuestro principal motivo de desavenencias en estos meses de separación que hoy han concluido —espero— con un acuerdo «amistoso».

   He recordado que, curiosamente, nuestro matrimonio fue firmado un 18 de marzo, víspera de mi onomástica. Una casualidad —posiblemente absurda— a la que no habría que conceder la más mínima importancia. Pero no dejaría de ser por ello otra coincidencia regida por los hilos del destino. Como todo lo que acontece en el universo y de lo que está fuera de él.