lunes, 29 de agosto de 2016

Capítulo 5, Acto I «Mi hija y la ópera»

Fragmento del Capítulo 5, Acto I de Mi hija y la ópera:


«El final de la actuación fue dando paso a la música disco que retumbaba en toda la sala, Víctor, que era un joven bien parecido y seguro de sí mismo, cogió de la mano a Susana y la guio hacia la pista de baile con discutible sentido del ritmo. Andrés agarró el paquete de tabaco de Paco, encendió un cigarrillo y se dirigió en dirección a la te­rraza con un vaso de tubo de whisky con cola en la mano, dejando a Paco y a su her­mana sentados en rededor de la mesa contemplándose mutuamente con semblante abu­rrido. En el mirador de la discoteca el volumen de la música del interior era impercepti­ble, la suave brisa marina aliviaba el calor e invitaba apoyarse en la balaustrada blanca para admirar las estrellas y la luna reflejadas en el mar, pensó que tal vez estaba perdiendo el tiempo con Susana y el recuerdo nostálgico de Teresa le sobrevino.»

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jueves, 25 de agosto de 2016

Capítulo 4, Acto I «Mi hija y la ópera»


Pasaje del Capítulo 4, Acto I de Mi hija y la ópera:

«Se dirigió rumbo a casa suspirando, le esperaba la princesa Turandot, era excesi­vamente temprano para recogerse un viernes, pero llevaba mucho alcohol y el can­sancio pasaba factura.
   Llevaría unos cuarenta metros andados, intentando no sucumbir a la tentación de echar la vista atrás para disimular el interés que en él despertaba Susana, cuando al­guien mencionó su nombre desde la terraza.
   —¡Andrés! —volvió a gritar Patricia acercándose a paso ligero con la bandeja sostenida entre el torso y sus dos brazos en forma de aspa.
   —Dime.
   —Oye, que al final lo de mañana se ha suspendido —anunció jadeando haciendo un esfuerzo en mantener el rostro inexpresivo—; y si te había dicho que nos acompañaras no es porque me des pena de que siempre estés solo, así que tampoco vayas ahora de donjuán que no tienes que demostrar nada.

   Andrés quiso explicarle a su amiga que todos los meses que había destinado a frecuentar la heladería buscaba un único propósito: coincidir con Susana, sin embargo creyó que no era buen momento para confesarlo.»

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lunes, 15 de agosto de 2016

Capítulo 3, Acto I «Mi hija y la ópera»

Extracto del Capítulo 3, Acto I, de Mi hija y la ópera:



«La soledad, sumada a un periodo de resaca perpetua, le hacía reflexionar de manera frecuente sobre su existencia, atrapándolo en un estado de sempiterna nostalgia. La tarde de un soleado domingo de agosto de 1975, después de varias noches de ajetreo, asomado en el balcón de su casa, escuchó una melodía que pro­venía de un piso cercano. Sonaba el aria de Nessun dorma de la ópera Turandot.
   
   Sería el decaimiento producido por estar varios días sin descanso, o la tristeza que irradiaba aquella última tarde de agosto con las calles vacías de gente que apuraba sus vacaciones en otros lugares, o tal vez una lejana evocación de su madre, o el recuerdo de su solitario padre con el que apenas conversaba fuera del trabajo, o todo junto, que la melodía exaltó los más profundos sentimientos que jamás había sentido por unas notas musica­les.»




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sábado, 13 de agosto de 2016

Capítulo 2, Acto I «Mi hija y la ópera»

Pasaje del Capítulo 2, Acto I, de Mi hija y la ópera:

«Esa tarde, después de la misa fúnebre, se dio sepultura al féretro de su abuela en el cementerio de Balsicas, contigua a la tumba de su abuelo Andrés, del que heredó el nombre. Junto a las lápidas de sus abuelos se hallaban las de su madre y hermano. Él no las veía desde niño:

ANTONIO ROSIQUE MARÍN
9 DE AGOSTO DE 1951 — 31 DE DICIEMBRE DE 1955
QUE DIOS ACOJA Y CUIDE DE NUESTRO HIJO

DOLORES MARÍN VIVANCOS
12 DE ENERO DE 1929 — 6 DE DICIEMBRE DE 1958
TU MARIDO NUNCA TE OLVIDARÁ


   Aquel momento supuso un punto de inflexión en la historia de Andrés, cayó en la cuenta de que sólo hay una oportunidad para vivir la vida, lo que quedara después sería mármol, algunas flores marchitas y una frase dedicada por quien ha sobrevivido que, vanamente, intenta resumir toda una existencia.»

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martes, 9 de agosto de 2016

Capítulo 1, Acto I «Mi hija y la ópera»

Fragmento del Capítulo 1, Acto I de Mi hija y la ópera:

«Esperó despierto hasta la noche a que su padre llegara, cerca de las once. Lacrimoso, trató de contarle lo sucedido implorando venganza ante aquella humillación sufrida. Pepe, lejos de consolarle, le interrumpió aludiendo que «las cosas de niños, se resuelven entre niños» concluyendo:
   —Hijo, la próxima vez te defiendes, no querrás que vaya a hablar con tus profesores con todo lo que tengo que hacer. Cuando hagas la mili no podré estar yo para defen­derte ni para hablar con tus superiores. La vida es dura, así que ve aprendiendo que yo a tu edad fumaba y me iba de putas.
   A sus diez años decidió que nunca más volvería a llorar delante de su padre.»


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domingo, 7 de agosto de 2016

Obertura «Mi hija y la ópera»

Fragmento de la Obertura de Mi hija y la ópera:


«Sería que visualizó su postura en forma de cruz sobresaliendo en el agua que volvió a adentrarse en casa con premura, dejando tras de sí un reguero acuoso desde la entrada hasta su dormitorio; agarró el crucifijo que presidía la pa­red sobre el cabecero de la cama, lo empuñó desde el lado inferior del tra­vesaño largo de la cruz, como si fuera un hacha, descendió corriendo las escaleras arrimándose al piano y lo estrelló varias veces hasta romper la figura de madera, abollando la superfi­cie del piano y dejando restos de astillas en sus dedos.»


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