sábado, 17 de septiembre de 2016

Capítulo 8, Acto I «Mi hija y la ópera»

Pasaje del capítulo 8, Acto I de Mi hija y la ópera:


   —No me eches más cerveza que me enfollono —dijo Consuelo—, bebo de la de mi Paco.
   Andrés ayudó a su mujer a cortar el queso y los embutidos, dejando a sus invitados a solas con Susana que correteaba alegre alrededor de la pareja.
   —Menuda casa tienen, ¿eh, Consuelo? —susurró Paco a su novia.
   —Ya sabes, los ricos, se lo quedan todo, y por mucho que tú trabajes, ellos ganarán más. Estoy segura de que si te montaras por tu cuenta, podríamos en poco tiempo tener una casa igual. Por cada peseta que tú ganas, él se lleva cien. Puedes estar en­lomao para que funcione su tienda que le da igual.
   —No hables así de Andrés que gracias a él tengo un buen sueldo, dirijo una tienda, y tengo a mi cargo a un vendedor, un técnico, una dependienta… y ¡cállate que nos van a oír!
   —Si es que eres tonto de lo bueno que eres, pero tonto de remate —concluyó Con­suelo oyendo al matrimonio acercarse con el sonido de los platos y los vasos.


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martes, 13 de septiembre de 2016

Capítulo 7, Acto I «Mi hija y la ópera»

Fragmento del capítulo 7, Acto I de Mi hija y la ópera:

«A mediodía del primer domingo de marzo de 1977, contrajeron matrimonio Andrés Rosique Marín y Patricia Domínguez Tortosa. El novio vestía un sobrio traje oscuro; la novia, un exquisito vestido blanco: lo que dictaba la época. De los po­cos invitados de la familia Rosique, algunos empleados, entre los cuales se hallaba Paco, más en calidad de amigo del prometido que como trabajador de las empresas de Pepe. Asistieron también familiares de Balsicas, mayoritariamente primos de Andrés y algún que otro allegado de la rama paterna de Roldán. Entre los numerosos convida­dos de la familia Domínguez Tortosa se contaba con la inseparable prima Asunción. Otros amigos comunes a la pareja comparecieron en el evento: José Blázquez, con decrépito as­pecto justificado por él mismo como «por los abusos de la vida»; y Antonio López, que acudió a la cita acompañado de Alejandro, un buen amigo suyo que le ayudaba en los arreglos musicales.

   La boda tuvo su momento culmen en el momento que se partió de la tarta, ritual acompañado del fragmento Va pensiero de la ópera Nabucco. Qué lástima que los instantes de felicidad sean prácticamente inapreciables, unas pocas gotas de agua en el mar de la vida.»



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domingo, 4 de septiembre de 2016

Capítulo 6, Acto I «Mi hija y la ópera»

Pasaje del Capítulo 6, Acto I de Mi hija y la ópera:

«Una gran ola les batió inundándoles hasta las rodillas descendiendo en aquel ins­tante del fugaz paraíso en el que se hallaron insospechadamente. Se apartaron to­davía abrazados de la orilla. Una vez recuperado el aliento, Andrés mostró su asombro de cómo, llevando ese vestido, pudo desplazarse con aquella bicicleta desde Galifa, a dos kilómetros de la playa. Ella le preguntó que cómo supo que estaba allí.
   —Lo he sabido por deducción, por las conversaciones que alguna vez hemos mantenido.
   —¿Desde cuándo te gusto, si puede saberse? —preguntó Patricia mirándole a los ojos y secándole las cejas con sus dedos.
   —Creo que me gustaste el día que escribiste en la servilleta el nombre de la ópera que ha­bía estado buscando desde hacía tiempo, ¿y tú?
   —Desde el día que te conocí, el mismo que empecé en la heladería; me equivocaba mucho, no sabía dónde estaban las cosas, algunos clientes me gruñeron y me dijeron que no valía para trabajar. Incluso contigo actué de manera lamentable, me pediste un whisky y al cuarto de hora te traje un refresco con ginebra. Pero tú no dijiste nada, simplemente me sonreíste.»


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