lunes, 21 de noviembre de 2016

Capítulo 11, Acto II de «Mi hija y la ópera»

Fragmento del Capítulo 11, Acto II de Mi hija y la ópera:


«Viernes, 6 de marzo de 1987
   Mi amor, hoy cumplimos diez años de casados, hace tiempo que empecé a aceptar la idea de que no vas a volver, que tu cuerpo, junto al de Susana, desapareció en aquella columna de humo aquel fatídico día. Ésta es mi sexta carta y no te hablaré de cuánto lamento que te mandara sola con nuestra hija mayor a Cartagena.
   Violeta empezó el colegio, tiene una profesora que le cuida, yo estoy tranquilo, dice que tiene aptitudes para el aprendizaje, y eso que no la ha visto tocar el piano, pero le falta liderazgo, supongo que los compañeros de clase le recordarán su aspecto a cada momento. Este invierno ha estado enferma, ha faltado muchos días a clase, la he cuidado con todo mi cariño, ya es toda una experta en música clásica y en óperas, le gusta La Traviata, que era la que te gustaba a ti, y La Flauta Mágica que es la que más veces escucha.
   Mi padre murió el año pasado, ¿le has visto?, eso espero. Siempre te dije que no creía en la vida después de la muerte, pero ahora no me queda otra si quiero levantarme por la mañana con ganas de sobrevivir.
   La adaptación a este pueblo no me ha costado nada, de hecho, me gusta Calasparra, la única pega es que dirijo la empresa a golpe de teléfono, y cada viernes me reúno con Paco para tomar decisiones y firmar documentos.
   Se me hace difícil la idea de que Violeta haya cumplido seis años y que tenga más edad que su hermana mayor, porque no sé si Susana sigue siendo una niña de dos años y medio, o crece, me desconcierta mucho pensar que mi criatura está creciendo sin que yo pueda verlo.
   No hay noche en la que no sucumba al sueño recordando aquella tarde de verano en la playa de El Portús y en la que nos dimos nuestro primer beso. Patricia, ¡te echo tanto de menos…!, Si pudieras decirme que estás bien… Te juro que dejaría de beber si supiera que la vida tiene un sentido. Si no te manifiestas seguiré bebiendo, tal vez así consiga reunirme contigo un poco antes, allá, dondequiera que estuvieses. Bien sabe Dios que si sigo viviendo es por nuestra pequeña, de la que cada vez estoy más orgulloso.
   Hasta el año que viene, si no antes. Te quiere, tu querido amor y compañero de vida hasta el final de su existencia.

   Tu Andrés.»


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