miércoles, 11 de mayo de 2011

Cuando el suelo se mueve

    Lo ocurrido esta tarde en Lorca no se puede adjudicar a ningún grupo terrorista, no es culpa de un conductor borracho o de un marido celoso... Uno, no puede resalcir su malestar con nadie salvo con el lugar donde vivimos, y sobre todo, al destino.

    Decenas de miles de japoneses han sufrido recientemente un maremoto, seguido de un tsunami y las inefables consecuencias de una gravísima catástrofe ecológica como será lo de la Central de Fukushima (y si no, al tiempo). Por mucho que parezca y perdónenme los japoneses y otros habitantes del mundo, nada es comparable con sentir un terremoto y saber que a escasos cincuenta kilómetros han muerto personas esta misma tarde.

    Este mediodía, esas personas, mientras comían, harían reflexiones de este tipo: "¿Ganará el Barça la liga esta noche?", "¿Llegará bien mi marido de su viaje a Alemania con el camión?", "Tengo que llamar a mi madre, hace días que no la veo", "Mañana tengo una entrevista de trabajo, seguro que tendré suerte..." Horas después, todos esos problemas han acabado para siempre.

    Mientras, a esa misma hora y a pocos kilómetros de ahí, mi mujer y yo celebrábamos en un restaurante que volveremos a ser padres dentro de unos meses (hoy lo hemos sabido).

    He leído, que los embriones, hasta un determinado momento de gestación, no son conscientes de sí mismos, o sea, no se puede considerar personas, simplemente unas células que van multiplicándose hasta pasadas unas semanas, que entonces, el feto adquiere una personalidad, o lo que es lo mismo, consciencia. Por poco que uno crea en la palingenesia (o en la reencarnación) -que para quién no me conozca, yo no creo en nada-, quien sabe si aquellas almas que estaban hasta hace unos minutos errantes, preguntándose todavía de a qué hora iban a regar las macetas de sus balcones lorquinos, fluyan hasta el lugar más recóndito de la ubicación para reencarnarse en mi futura criatura. Allí, dondequiera que estuvieran mis genes y los de mi mujer.

    En fin... que la vida tiene que seguir de algún modo. Al menos en La Tierra, reencarnaciones, o no. Siempre contaré a mi hijo o hija qué ocurrio aquel 11 de mayo de 2011, el día que supe, que tendría una persona más en casa.
 

    Que descansen en paz, las víctimas del terremoto en Lorca,  "La ciudad del Sol", el mismo sol que mañana saldrá.

1 comentario:

Alicia dijo...

Muy buena reflexión y creo que eso nos podría pasar a todos.