viernes, 3 de diciembre de 2010

Los sueños de los otros


LOS SUEÑOS DE LOS OTROS
Era un hombre tan pequeño, pero tan pequeño, de cuerpo y alma, que invadía impunemente los espacios ajenos sin que nadie advirtiera su presencia. Se dice que en las tardes, cuando el sol testifica en el crepúsculo el milenario vuelo de los pájaros, él solía encaramarse en la arrogancia para juzgar con desdén, por encima de su patético infortunio, los sueños de los otros. Sin duda no sabía que hay un tiempo para ser feliz y lo extravió en el regodeo de su propia insignificancia. Un día cometió la imprudencia de morirse mientras los otros seguían soñando sin siquiera recordar su nombre.

Carlos Gargallo ©

2 comentarios:

Fugitivo dijo...

¡Hombre! Unas palabras que no son mías (bueno, no es que sea precisamente dueño de las restantes). Gracias Carlos por tu intervención en este sencillo blog. Ya sabes que eres mi benefactor, maestro y asesor literario, una especie de manager que no va a chuparme la sangre. Un saludo.

Poeta Carlos Gargallo dijo...

La sangre no, pero una cervecica de vez en cuadoo si, jejejejje, un abrazo