viernes, 3 de diciembre de 2010

CORAZONADA (Microrrelato 20 líneas)

Sentada en el mismo banco de otras veces, como cada tarde, absorta en mi tragedia, intentando vaciar de mi mente lo inolvidable, observaba a los niños que felices jugaban en el parque. Una niña se acercó, me sonrió mientras pretendía tocarme una pierna, como si quisiera alegrarme, tenía un brillo en la mirada que me resultaba familiar y un visible vello facial propio de los niños de hospital.
–¡Daniela! –gritó su madre–, deja en paz a esa mujer y no corras que tú no debes.
Me sobresalté al oír su nombre, era el mismo que el de mi hija, si viviera tendría su edad. Tal vez, por ello volví a mirar a aquellos expresivos ojos como si de alguna manera, aquella criatura tratase contagiar su felicidad. Era imposible para mí no salir de la depresión, mi marido, estrelló su coche en una farola, muriendo él en el acto y dejando a mi pequeña de dos años herida muy grave porque no estaba sujeta a su sillita por culpa de sus prisas. A las pocas horas, un grupo de médicos me comunicaron el fallecimiento de mi hija e instantes después, que su muerte podría salvar unas vidas. Me negué en rotundo con la excusa de que me dejaran tranquila con mi dolor. Una mujer de aquella comitiva dijo que me comprendía, pero intentó llevarme al otro lado: “¿Cómo te sentirías si una madre se hubiese negado de privarle el derecho a la vida?, de algún modo, algo de tu hija seguirá viviendo”. Supe entonces que aquella niña que cogía de la mano a su madre y seguía sonriéndome a lo lejos, tenía trasplantado el corazón de mi pequeña. Lo sé, será una corazonada, pero ese brillo en los ojos pertenecía a mi hija y ella me reconoció.

2 comentarios:

Alicia dijo...

este me suena......

CORPUS dijo...

Bienvenido al mundo bloguero