jueves, 3 de febrero de 2011

Sábado, 12 de septiembre de 1981

    Aquella mañana no presagiaba buen tiempo aunque todavía no había comenzado a llover, Andrés decidió quedarse con Violeta, su hija pequeña a la que sostenía en brazos, dejó a su mujer sola en el volante, salía de casa en dirección a Cartagena con Susana, su hija mayor saludaba sonriente a su padre desde el asiento trasero, haciendo con una mano el gesto universal de despedida, llena de vida y de futuro.

    Violeta no dejaba de llorar, aquel hecho hizo que dejase de ver el chispeante brillo en los ojos de su hija mayor, él nunca supo que esa mirada era la última...

3 comentarios:

Cristina dijo...

Me gusta mucho este pequeño relato pero es un poco triste, verdad?

Cristina dijo...

Me encantaría leerlo pero ¿cómo lo hacemos?

Fugitivo dijo...

Tendrás tu manuscrito Cristina.