lunes, 6 de diciembre de 2010

AGOSTO (Microrrelato 20 líneas)

Era un domingo de agosto de un año cualquiera, Irene venía de comprar helados para su marido y sus dos hijos, a ella no le apetecía, el último fin de semana del verano siempre le producía cierta depresión. Su hija, la “pequeña Irene”, ya sacaba dos palmos de altura a su hermano mayor, Julio, de catorce años, y que compartía con su padre la honomástica. “¡Julio!, no puedes tomarte el helado entero –gritó su madre–, el médico dice que no debes tomar demasiado azúcar, ¿quieres matarte?”. El adolescente se rebeló, lanzó el helado al suelo expresando su disconformidad con las palabras autoritarias de su progenitora. Su capacidad para hablar era limitada, sus condiciones físicas sumadas a la analfabetización por la no escolarización de aquella criatura aconsejada por un médico que le auguró pocos años de vida, conferían en él cierto retraso. Pese al menosprecio familiar que Julio sufrió en vida, sus allegados solían estar atentos a sus gestos. Tras el berrinche por los consejos de su madre sobre los males del helado, Julio se dirigió al dormitorio que miraba a poniente y que compartía con su hermana. Apartó de su nariz los cables que salían de de una pesada máquina de oxígeno que ralentizaba su silla de ruedas. Con las fuerzas que le quedaban, se incorporó en la cama cabeza arriba, se repetía a sí mismo: “Nunca mi madre se quejará de cargar conmigo en vacaciones”. Julio moría lentamente, la falta de aire y su enjuto cuerpo torcido le impedían retroceder a la silla. Su familia, afanada en la recogida de trastos no le echó en falta. Su mirada se diluyó junto al sol anaranjado que escondía su existencia tras una isla, apagándose.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Expedición Javalí Nuevo - Torrenia

     Mañana, 6 de diciembre a las 11:00h, haremos una expedición de 7 Km desde la rotonda junto a la gasolinera Campsa de Javalí Nuevo, hasta la cafetería Alaska en Las Torres de Cotillas.


     Esta pequeña caminata lejos de carreteras principales, junto al río Segura y otros paisajes de cierta belleza, es un apertivo a la de próximas semanas que serán de mayor longitud.


     Dentro de un mes, debemos estar preparados para acometer las rutas de senderismo de veinte kilómetros que tenemos planeadas para 2011.


     Quien desee apuntarse a este paseo, que me lo haga saber. Consejos: Llevadse una pequeña mochila, con agua y alguna pieza de fruta o comida ligera. También, una chaqueta de chándal que podamos quitarnos si hace calor.
   

sábado, 4 de diciembre de 2010

GITANO (Microrrelato 100 palabras)

Gitano soy, con ge mayúscula, de pueblo históricamente nómada, entre chabolas me educaron envuelto en un mar de tradiciones. Ahora, sometido al mundo de las leyes de los que en mi familia llamaban payos, deambulo errante, despreciado por los míos. Aún así, enarbolo la insignia de mi etnia, orgulloso, como lo pudiera ser cualquier otro sobre sus raíces. Como un nómada sin destino fijo navego entre culturas, una me despreció por no avenirme a ellos; la otra, con la que convivo, por los prejuicios ignorantes de los que se atreven a juzgarme por el simple hecho de haber nacido gitano.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Los sueños de los otros


LOS SUEÑOS DE LOS OTROS
Era un hombre tan pequeño, pero tan pequeño, de cuerpo y alma, que invadía impunemente los espacios ajenos sin que nadie advirtiera su presencia. Se dice que en las tardes, cuando el sol testifica en el crepúsculo el milenario vuelo de los pájaros, él solía encaramarse en la arrogancia para juzgar con desdén, por encima de su patético infortunio, los sueños de los otros. Sin duda no sabía que hay un tiempo para ser feliz y lo extravió en el regodeo de su propia insignificancia. Un día cometió la imprudencia de morirse mientras los otros seguían soñando sin siquiera recordar su nombre.

Carlos Gargallo ©

CORAZONADA (Microrrelato 20 líneas)

Sentada en el mismo banco de otras veces, como cada tarde, absorta en mi tragedia, intentando vaciar de mi mente lo inolvidable, observaba a los niños que felices jugaban en el parque. Una niña se acercó, me sonrió mientras pretendía tocarme una pierna, como si quisiera alegrarme, tenía un brillo en la mirada que me resultaba familiar y un visible vello facial propio de los niños de hospital.
–¡Daniela! –gritó su madre–, deja en paz a esa mujer y no corras que tú no debes.
Me sobresalté al oír su nombre, era el mismo que el de mi hija, si viviera tendría su edad. Tal vez, por ello volví a mirar a aquellos expresivos ojos como si de alguna manera, aquella criatura tratase contagiar su felicidad. Era imposible para mí no salir de la depresión, mi marido, estrelló su coche en una farola, muriendo él en el acto y dejando a mi pequeña de dos años herida muy grave porque no estaba sujeta a su sillita por culpa de sus prisas. A las pocas horas, un grupo de médicos me comunicaron el fallecimiento de mi hija e instantes después, que su muerte podría salvar unas vidas. Me negué en rotundo con la excusa de que me dejaran tranquila con mi dolor. Una mujer de aquella comitiva dijo que me comprendía, pero intentó llevarme al otro lado: “¿Cómo te sentirías si una madre se hubiese negado de privarle el derecho a la vida?, de algún modo, algo de tu hija seguirá viviendo”. Supe entonces que aquella niña que cogía de la mano a su madre y seguía sonriéndome a lo lejos, tenía trasplantado el corazón de mi pequeña. Lo sé, será una corazonada, pero ese brillo en los ojos pertenecía a mi hija y ella me reconoció.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

MAR (Microrrelato 100 palabras)

Miguel siempre había soñado con vivir en una casa mirando al mar, nació en un pueblo pesquero, tal vez por eso, no quería un piso en la playa, se hubiera conformado con una sencilla vivienda, en un acantilado, solitario. Contemplar la infinitud del paisaje, dándole igual que lloviera, mientras tuviese una ventana . Un funcionario le regaló un póster de una playa caribeña, una palmera besaba la orilla blanca, ahí iba a dirigir su última mirada. “¿Por qué maté a mi mujer?”, se preguntó en la soledad de su celda con el tacto áspero de la soga en su cuello.