miércoles, 4 de enero de 2012

Duerme, mi pequeño


    Querido Marcos, en los albores de este 2012 has nacido, y como si de un regalo se tratara, tu hermana mayor espera con papable júbilo a que te lleven a casa y ella pueda «cuidarte».

    Todo eso ocurrirá en el día de hoy, y en los próximos días, un gran número de allegados de tus padres pasarán a conocerte, y tus progenitores, te exhibirán como si acabaran de recibir un lujoso y delicado obsequio.

    Eres mucho más que eso: Eres una vida, y lejos de parecerte a tu padre, a tu madre o a tu hermana Adriana, te pareces a ti, porque como ser ya eres único e inimitable.

    Duerme pequeño, duerme todo lo que puedas, y nútrete bien, es fundamental para la vida. En realidad, lo demás tiene escasa relevancia, conforme vayas creciendo, esta sociedad tan enferma en la que vivimos intentará confundirte sobre lo importante que son algunas cosas: el dinero, el poder, la belleza...

    Sin ninguna intención de que adoptes una postura en contra de las frivolidades de este mundo, lo único que desea un exultante padre, unos cuantos años antes de que comprendas esta carta abierta: es que seas feliz.

    Tienes una familia que te ayudará a crecer física y emocionalmente. Y espero que el ambiente sea propicio para que puedas ser aquello que te propongas cuando llegue el día en el que puedas dirigir tu destino.

    Mientras tanto, duerme. Todavía queda un largo camino, al menos para ti; para mí será como un suspiro, espero disfrutar del trayecto por leve que me parezca.

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