miércoles, 24 de agosto de 2011

Nuevo juramento

    Yo que no juro por Dios, tendré que modificar en breve lo de "Te lo juro por mi hija". A partir de hoy juraré o por mis hijos, o por mis hijas... Todo se sabrá después de la ecografía.

    Ya daré cuentas al respecto.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Carta abierta al Universo


COETÁNEOS

Dirigido a las millones de civilizaciones que tuvieran la oportunidad de leer este mensaje enviado desde este punto del espacio, un día cualquiera de verano.

Mi nombre es José Antonio Frutos Romero, un sencillo habitante de un planeta al que llamamos La Tierra, la noche del 10 de agosto de 2011. Claro, la fecha poco importará fuera de mi pequeño universo, pero supongo que debe de ser alrededor de la una de la madrugada del uno de enero del año 13.700 millones, si es que se comenzase a contar los años a partir de lo que en mi mundo se denomina Big Bang, suceso que condicionó la existencia de nuestros mundos por lejanos que pudieran estar. Eso sí, si los datos que proporcionan los científicos de La Tierra son correctos, a saber si medís los años como nosotros y/o el sistema de cifras (como la palabra millones) tiene un sentido allí.

Mis vagos (aunque suficientes) conocimientos de astronomía contribuyen a que pueda imaginar la posibilidad de que este mensaje sea leído (e interpretado) de algún modo en los confines del cosmos, si bien, no soy tan ingenuo para creer que ninguna especie viva pueda trasladarse por el espacio acarreando la vida de miles de generaciones en conseguir dicha empresa por muy rápida y cómoda que pudiera ser la nave que los transportase. Las distancias son enormes y si la luz tarda millones de años en llegar a nuestros ojos, cualquier otro elemento: Infinitamente más.

El propósito de este mensaje no es otro que el de informaros de lo siguiente: El predominio en este planeta lo tiene una especie llamada Homo Sapiens Sapiens, la mía, nos consideramos inteligentes, empero cabe que no lo seamos tanto: Capaces de visitar nuestro satélite más cercano a casi medio millón de kilómetros de distancia (dato que debería omitir porque os parecerá irrelevante), pero no estamos preparados para erradicar el hambre en el mundo, ya no en otras especies: Sino en la nuestra. Y lo peor del caso, en nuestros coetáneos.

La historia de nuestros antecesores nos cuenta aberraciones como la de la Bomba Atómica, el Holocausto Nazi y un sinfín de barbaridades que nos escandalizaría tener que volver a vivirlas. Sin embargo, todavía a muchos, les conmueve más la muerte de una cantante que ha llamado a la muerte envenenándose, que la de miles de niños que en este preciso instante lo único que quieren antes de su inevitable muerte es llevarse algo a la boca, aunque fuera alguna de las moscas que tienen a su alrededor. Cuando  el único delito que han cometido es no nacer en el país de los que tienen (y le sobran) todo lo que quieren y más para llenarse la boca, los estómagos y los contenedores de basura de comida. Las empresas de comunicación sabedoras de que esas imágenes no son del agrado del televidente apenas si informan unos pocos segundos para pasar después a la “importantísima” información de lo que va llevarse en los próximos meses, me refiero a la moda, una serie de prendas con las que nos ataviamos los seres más inteligentes de este planeta según la época del año.

Y defino País, esa palabra que he mencionado antes respecto a que ningún ser elige en qué país nace, por si no sabéis de qué se trata compañeros del cosmos, en La Tierra, un país es un lugar cuyas fronteras no se ven pero que te determinan toda tu existencia (incluso hay quién daría la vida por esos barreras invisibles). Fronteras, muy seguramente transformadas por herencias de reyes o nobles que no podían casarse, tal vez por ser hermanos (que no debían seguir procreándose entre ellos para no fastidiarlo aún más) o que por el azar. Límites que dividen territorios, por los cuales (debida a la inefable ignorancia del coterráneo de turno), somos capaces incluso de hasta dar la vida y de distinguirnos sobre el resto de seres humanos de nuestro mundo.

Hay algo más, los que enarbolan la bandera de la religión justificando que todo lo maldito que ocurre en el mundo es porque así lo quiere Dios (como si lo mereciesen). Un ser que supuestamente tuvo la capacidad de crear nuestro planeta en siete días, pero que no actúa cuando un inocente niño de dos años, de piel oscura y prominente barriga llora tan abatido como resignado a un desenlace fatal. Y yo no crucificaría de nuevo a su hijo por permitirlo, me iría a ese personaje, al padre (si existiera), e intentaría clavarlo a la cruz por consentir que la desidia del ser humano conlleve a deshumanizarnos tan cruelmente con el próximo. Con un niño, que su única misión en la vida será la de sufrir. Para los representantes de La Iglesia eso tiene un significado, un lugar especial en el otro mundo. Yo no quiero que mis hijos, mis sobrinos o cualquier otro ser inocente, padezca ante la mirada avariciosa de quien no es capaz de ponerse en la piel de esas personas. “Son salvajes, no como nosotros” se dirán para disculpara su falta de empatía.

Por poco que os parezcáis a los habitantes de La Tierra, y si queréis dar explicación a todo lo que no comprendáis, tendréis un ser supremo. Y tal vez ese Dios exista, para vosotros y para nosotros, es lo que hace que giren los cuerpos celestes entre sí (por ejemplo), pero no nada pensante que decida nuestro devenir.

En fin, aquí vivimos en un maremágnum de nuevas ideologías que genera un piélago de dudas. Pero hay razones más poderosas que otras para luchar por un mundo mejor. Mientras hayan personas muriéndose de hambre, ahora, en este preciso instante, cualquier otra razón que nos mueva es pura frivolidad.

Cual mensaje encerrado en una botella de cristal que flota por los océanos de mi pequeño planeta he querido enviar este texto a la eternidad y a los confines del universo, como una carta abierta, incluyo también al pequeño grupo de contemporáneos que tendrán la opción de leerlo, si quieren. Si con el mismo, con las algo más de mil palabras y dos horas que he invertido en escribir este texto, he conseguido conmover o concienciar a algún lector y contribuye a que el día de mañana sea más humano, habrá valido la pena.



En cualquier caso, no dejan de ser las reflexiones en voz alta de un loco soñador una estrellada noche de verano, con una copa junto a él, mientras oye una ópera de Wagner.



P.D. Si alguien leyera esta carta allá por los confines del Universo y quisiera hacer una clonación de mi cuerpo para obtener información adicional, advierto que mis cenizas estarán en el sótano de mi casa, en un lugar llamado Torrenia. ¡Hasta entonces, buenas noches!

martes, 12 de julio de 2011

Domingos de yoga

      Mi mujer y yo tenemos pensado practicar yoga todos los domingos que estemos en casa, sobre las doce del mediodía.

     Tras los ejercicios, la meditación y relajación, tendremos nuestro merecido aperitivo y un baño si se tercia.

     Invito a todos los participantes de este pequeño blog (para mí, una familia) a que acudan a comprobar los innumerables beneficios del yoga. De hecho, una seguidora catalana de este blog, amiga mía donde las haya, lo practica a menudo, me consta.

     Por cierto, Alicia es una monitora de lujo.

miércoles, 15 de junio de 2011

Diecimila anni al nostro imperatore (Turandot) Puccini

http://www.youtube.com/watch?v=pejbqF6xjD8&feature=related
Mi hija y la ópera
ACTO 3 Capítulo IX (Fragmento página 420)
    Mi padre una vez me dijo que Nessum dorma de la ópera Turandot fue el reclamo que lo introdujo a este fantástico género musical, casualmente mientras escribo mis últimas palabras suena de fondo un tema que contiene la misma melodía “Diecimila anni al nostro imperatore”, el final de la última ópera de Puccini, no podría existir más dulce casualidad para finiquitar mi relato.

martes, 14 de junio de 2011

A la conquista del planeta

     Hace justamente un año, el catorce de junio de 2010 me embarqué en un proyecto que tal vez de haberlo sabido, no hubiera dado el paso.

     La criatura ya está fuera, a modo de doble manuscrito que se va a la conquista del Planeta. Quizá después, pueda conquistar un hueco en mi casa, en mi familia, en mi trabajo, terrenos más complicados incluso, porque para vencer la cotideneidad hay que tener más imaginación y arte que el que un humilde servidor tiene a la hora de expresar una idea o una emoción.

     En cualquier caso, queda un proyecto más o menos pulido dejado para la posteridad (que siempre podrá mejorarse). Algún día puede que niegue la autoría de este trabajo del que ahora me siento orgulloso.

     Si llega ese momento es que habré mejorado mucho, o tal vez, habré perdido la fe en mi talento, algo que tarde o temprano termina apareciéndole a todo ser humano en algún instante de su vida.

lunes, 13 de junio de 2011

Casta Diva (Norma) Bellini

http://www.youtube.com/watch?v=a1-iWdY-4j4
Mi hija y la ópera
ACTO 3 Capítulo VIII (Fragmento página 411)
    Ella asintió, moviendo la cabeza y mezclando sus lágrimas con las mías. Así estuvimos durante minutos, en silencio, coronado por el aria de Bellini de “Casta Diva. Debía digerir en muy poco tiempo demasiada información, aquella mujer con la que me abrazaba había entrado siendo una desconocida y a los pocos minutos se había convertido en mi hermana Susana, a la que nunca conocí porque la dieron por muerta en un accidente de tráfico. El destino había cambiado a aquella mujer de nombre, fecha de nacimiento y de vida.

sábado, 11 de junio de 2011

O mio babbino caro (Gianni Schicchi) Puccini

Mi hija y la ópera
ACTO 3 Capítulo VI (Fragmento páginas 386 y 387)
    Comenzó a sonar “O mio babbino caro” de la ópera Gianni Schicchi, hice un gesto con la cabeza para que subiera el volumen y así callar a los asistentes, entre los cuales, estaban mi antiguo amigo Antonio y su madre. En el momento en el que aparecía la voz de la soprano dije lo siguiente:
    –A petición de mi padre quiero leer estas palabras que hoy he escrito.