jueves, 2 de mayo de 2019

Reduzcamos la huella de carbono





   Si hay algo que verdaderamente me apasiona de las energías renovables —además de mi pequeño aporte hacia el medioambiente— es la gran cantidad de puertas que se abren de manera fácil, tanto en sector industrial como a nivel particular, por el gran beneficio económico que supone apostar por estas energías ya no a medio plazo, sino de carácter casi inmediato. Esto no ocurría antes, por supuesto, el abaratamiento de la tecnología, la constante subida de la luz eléctrica y las últimas medidas gubernamentales conllevan a que estemos en el mejor escenario posible para tomar la «gran decisión».

   En mi cada vez más dilatada experiencia en el mundo de la energía solar me he topado con empresarios muy concienciados con el medioambiente, puede que en parte sea por reputación de marca, pero no deja de maravillarme que hablen de contribuir a su reducción de huella de carbono para al menos poner su granito de arena a que sus nietos tengan un mundo mejor. Es un verdadero placer coincidir con este tipo de personas, especialmente en el mundo empresarial.

   Y no es baladí el asunto, porque los que ya tenemos unos cuantos años a las espaldas estamos siendo testigos de un irrefrenable cambio en el planeta cuyas consecuencias nadie puede predecir. Quizá esté en nuestra mano, la de cada uno, y no en la de los gobiernos, el poder paliar los efectos del cambio climático, reduciendo nuestra particular huella de carbono (que no solo es cosa de las empresas), para que nuestros nietos y su descendencia puedan ver la luz del sol.

   Recuerda, cada vez que pulsas un interruptor, la electricidad necesaria para encender la luz casi seguro que proviene de quemar carbón, petróleo, gas… o de una central nuclear.

   ¿Sumamos reduciendo? De ti depende.

Si quieres más información sobre la huella de carbono pincha aquí:


En la imagen una central de producción eléctrica a base de carbón.

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