miércoles, 28 de mayo de 2014

UN CLIENTE, UN AMIGO

   Hace un par de décadas, cuando comencé en el mundo comercial escuché una frase de mi padre que he recordado como un lema. Resulta que un cliente que se estaba llevando una ganga quería hacer un último regateo arguyendo la amistad que tenía con mi padre a lo que éste le respondió «Es que todos mis clientes son amigos».


   Esta es una máxima que conoce cualquiera que regente un comercio de proximidad (lo que antiguamente se denominaba como “tiendas de barrio”).
   Yo, en la medida de lo posible, intento aplicarla en el día a día, al punto de que en ocasiones me han preguntado, por ejemplo, por qué voy a tal supermercado cuando en tal cadena sale más barato; a lo que yo siempre respondo “porque me conocen”. Y es cierto, que prefiero gastarme un par de euros más en un sitio donde me saludan por mi nombre que en un establecimiento donde con voz nasal y sin mirarme a los ojos me preguntan si poseo cierta tarjeta de descuento.
   Y es bastante inteligente esta postura porque este dinero que yo gasto, no sólo va a las manos de alguien que me lo puede agradecer (y no a las arcas de una multinacional), sino que también puede ser revertido, porque cuando este conocido necesite algo que yo pueda ofrecerle pensaré en mí y además tendrá dinero que gastarse en lo que yo pueda ofrecerle profesionalmente. O sea, un flujo lógico y JUSTO de la riqueza.
   En fin, termino toda esta perorata, con la frase que dio título al artículo, “Un cliente, un amigo” una reseña que muchas empresas hacen como propia y a la que yo voy a darle la vuelta: “UN AMIGO, UN CLIENTE”. Porque me veo en la situación de ser exigente con mis amistades y pedirles que si se consideran amigos míos que, al menos, me pregunten por los servicios de telefonía móvil que yo puedo ofrecerles así como otras cosas relacionadas con la telecomunicaciones (telefonía libre, accesorios, etcétera).

   Por si alguien no lo sabe, trabajo en FRUVISA COMUNICACIONES, distribuidor de Vodafone en la Región de Murcia y mi número de contacto es el 670324550. Yo personalmente trataré con todos aquellos que quieran mejorar en su relación con la telefonía; bien sea el dispositivo móvil, como el consumo, como el servicio, sea cual sea la compañía con la que esté en la actualidad.
Muchas gracias, amigos, porque al final, como dijo mi padre: si uno no le vende a sus amigos, ¿a quién le va a vender?

lunes, 24 de junio de 2013

Pliego

 
 

    Conozco un lugar, en el Norte de Sierra Espuña, llamado Pliego. De sinuosas calles y amplias plazas, ubicadas en los escasos lugares donde no se aprecia el desnivel de estar situado en las faldas de una montaña.

    Las casas con fachadas pintadas de varios colores en la zona más céntrica de la población no dejan de ser uno más de los muchos atractivos que posee esta localidad de inefable belleza.

martes, 19 de febrero de 2013

El final de una etapa

   Es esta fecha, la de hoy, una muy importante en mi biografía. Esta tarde, víspera de mi cumpleaños, he firmado el convenio regulador de mi separación. O lo que es lo mismo: el final de una etapa de mi vida.

   Con la inefable sensación de que este ocaso cíclico de mi existencia es consecuencia de una irresponsabilidad personal me he ido a casa. Y allí me he acordado de todos los damnificados por este terrible asunto, comenzando por mis hijos, y acabando por la que hasta hoy ha sido mi mujer. Una persona que me ha regalado las dos cosas más preciadas que he tenido nunca, éstas, que atieden al nombre de Adriana y Marcos, han sido nuestro principal motivo de desavenencias en estos meses de separación que hoy han concluido —espero— con un acuerdo «amistoso».

   He recordado que, curiosamente, nuestro matrimonio fue firmado un 18 de marzo, víspera de mi onomástica. Una casualidad —posiblemente absurda— a la que no habría que conceder la más mínima importancia. Pero no dejaría de ser por ello otra coincidencia regida por los hilos del destino. Como todo lo que acontece en el universo y de lo que está fuera de él.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Coscoletas

   «Papi, llévame a coscoletas» me ha dicho Adriana en cuanto hemos salido de su colegio tras haber presenciado su actuación en su último día lectivo del presente año. Como siempre, le he hecho caso y, gustoso, la he aupado sobre mis hombros. Ha sido corto el trayecto, porque desde su centro escolar hasta el lugar donde su madre había estacionado su vehículo distaban veinte metros.
   Durante el camino al coche, mi hija le ha pedido a su madre que quería quedarse conmigo (a pesar de no haber cumplido aún los cuatro años, es sabedora de que la decisión de quedarse o no con su padre no depende de nadie salvo de su caprichosa madre —o de otras personas que no son su familia más directa—). A lo que su progenitora , inmisericorde a sus sollozos y cruelmente lacónica, le respondió que no, sin apostillar explicación que la justificara.

   Lo que mi pequeña Adriana todavia no sabe es que todo esto es coyuntural, que nuestros destinos no dependen de una mente perversa que encuentra cierta felicidad en el sufrimiento de su propia hija, porque sabe que con ello me hace daño a mí. Nuestro sino está en la mano de la JUSTICIA, aunque estemos a espensas de una sentencia que tardará semanas o quizá meses, quién sabe, incluso, si años.
 
   Mientras tanto, yo me iba solo a casa, cabizbajo y conteniendo las lágrimas; los demás padres, con las luces navideñas reflejadas en sus alegres pupilas llevaban a sus sonrientes vástagos rumbo a un hogar repleto de vida y de felicidad. Muchos de ellos, como yo, transportándolos a coscoletas. 
   
 

domingo, 28 de octubre de 2012

Campos del Río



   Si tiende a pensar, equivocadamente, que una población pequeña apenas puede proporcionarnos diversión u ofrecernos algo destacable. Y es lógico pensar así, puesto que en Campos del Río (como en cualquier otra localidad de su tamaño) uno no pretende encontrarse con grandes centros de ocio, bulliciosas calles comerciales o destacables estructuras arquitectónicas.

   Aunque lo que sí puede apreciarse, más que una gran urbe, es la cercanía de sus gentes. Amén de maravillosas vistas donde la verdosa huerta contrasta con las áridas colinas y un envidiable sosiego que en este acelerado mundo es todo un lujo.

   Es en este silencio, en el esplendoroso paisaje que puede avistarse y en el cálido trato de sus habitantes, donde uno puede aprender y disfrutar de la vida tanto o más que un museo o en un teatro.

martes, 14 de agosto de 2012

Crítica literaria de mi novela.

   Copio y pego un comentario a modo de crítica literaria de un buen amigo: José Martínez Giménez (Lali), que no sé hasta qué punto es objetivo con mi obra. Me ha entusiasmado tanto la opinión de este consagrado escritor de poesía que me ha sido imposible no compartirla con mis conocidos.

«CRITICA PARA –MI HIJA Y LA ÓPERA

  La gran hazaña de “Prometeo” fue robar el fuego a los dioses y entregárselo a los humanos.  Por ello el adjetivo ‘prometeico’, es usado con frecuencia en el análisis literario, aunque también en otros muchos casos.
  Yo no me siento capaz de adjetivarlo así, pero: A mí, como lector y después de leer este trabajo, pienso que en -MI HIJA Y LA OPERA- -el autor le ha robado a las musas todo aquello que se llama inspiración, para el bien del buen lector, el que sin duda alguna, agradecerá como yo, la oportunidad de admirar y sucumbir ante tanta imaginación puesta para conseguir una obra literaria amena.
  Es  entonces cuando a sabiendas de que ésta, es, la primera novela de este autor  me atrevo a decir: Yo veo en ella mucha investigación, entereza, capacidad de vencer dificultades y una vocación muy precisada. Así como la facultad de introducirse en vidas foráneas y relatar como si fuesen propias.
  El léxico utilizado por el autor, quiero decir que más, que sorprendido me deja satisfecho, ya que habiendo palabras técnicas tanto musicales, como en  el dialogo de los personajes, se atisba perfectamente el conocimiento del autor en dichos temas.
  Aunque me alegra comprobar que, un buen diccionario cerca de donde se pueda estar leyendo, también estaría – como se suele decir—como Dios manda.
  Como Prometeo — este autor es un creador literario previsor. Que siempre lleva algo guardado para que la historia se desarrolle suave y  continua.

  La situación, o el entorno donde está ubicada, es este marco incomparable de nuestra Región, con nombres de Municipios distinguidos dentro de ella, es , según mi criterio, un atrevimiento, un valor distinguible como autor y un autentico acierto, porque rompe con ello, los tópicos de desarrollarse  como casi siempre en grandes urbes, o en zonas siempre tan parecidas, como pueden ser: Londres, Paris u otras americanas… 
La ”Obertura” es inquietante, algo inesperado por impresión de lo inacabado en ella.  Dando ocasión, incluso, a  recelar que la historia ya está descrita en estas cinco páginas, que sin duda  se comprueba que no es cierta esa corazonada del lector… nada más lejos de ello.
  No encuentro en ella nada de enrevesado, como: nombres de personajes, lugares, ni tampoco en la descripciones de paisajes o entornos elegidos por el autor.

  Una obra emocionante desde el principio; Donde, entre estremecimientos y algún sollozo, se consigue pasar a una atracción lectora y por saber más, que sin duda, va transportando sin el menor atisbo, hasta lo que puede suceder en las siguiente paginas, incluso capítulos.
  Obra que por estar referida en tiempos modernos, incluso presentes -siglos XX y XXI-  no pierde ápice en estrategia y creatividad literaria.
  Siendo la ópera prima, el último desenlace descubrir la verdad sobre el accidente.
  Una novela clara en léxico; de traducción ágil para todo aquél lector que logre tenerla entre sus manos.
  Así que, -sin olvidar que con una  experiencia tan efímera como la mía- en hacer críticas literarias y menos de novelas,  si quiero decir, que me agrada la complicidad del autor y su obra, en cada una de sus partes, haciéndola intrigante, colocando así al lector en la tesitura de: qué vendrá ahora, sin saber realmente cómo va a continuar.»

domingo, 12 de agosto de 2012

En el final de la existencia


http://www.youtube.com/watch?v=wEFugVbzsSo

(Pinchar enlace para comprender el texto).
   Quien haya visto la película Cinema Paradiso recordará que, en el final, hay una emocionante escena de unos tres minutos donde el protagonista ve los fragmentos inéditos que nunca había podido ver en su pequeño cine de pueblo por culpa de la censura. Éstas breves imágenes cambiaban en ocasiones el significado de la película, y es ahí donde estriba la parte más conmovedora del desenlace del filme: que un simple beso pasional podía convertir la interpretación de la historia en algo distinta.

   No estaría mal, que en el final de nuestra existencia, alguien nos sentase en una butaca para que observásemos durante unos pocos minutos todos los flashes de nuestra vida con lo que pudo haber sido y no fue: Aquel beso que pudimos haber dado y nunca dimos; Aquellas palabras groseras que proferimos y de inmediato nos arrepentimos; Aquella obra que nunca nos atrevimos a compartir. Fragmentos de una supuesta vida que nunca llegó a suceder por culpa de nuestra censura personal: miedo, orgullo, vergüenza...

   A su vez este metraje debería albergar las reminiscencias personales que siempre quedaron grabadas en la retina: La primera vez que vimos a nuestros hijos; El recuerdo de cuando dijimos adiós a un progenitor estando éste en vida; La primera y última vez que alguien nos miró a los ojos diciéndonos: «Te quiero». O, simplemente, la evocación breve de una fascinante contemplación de una noche estrellada cualquiera, como la de hoy.

   Y todo aderezado con una música como en el cine, como la de Enyo Morricone en la mencionada película. Sería un bonito y emotivo final de la vida que tal vez nos hiciera mejorar en una existencia futura.